miércoles, 5 de junio de 2013

Un sistema educativo entre la fe, la razón y los intereses particulares

La Iglesia y la Escuela han representado dos formas diferentes de enfrentarse al mundo, sobre todo desde que esta última se hizo universal y gratuita. Antiguamente, la Iglesia era depositaria de los conocimientos y podía manipularlos a su antojo y compartirlos con quien quisiera. La invención de la imprenta y la universalización de la educación fueron los pilares en los que se fundamentaron que los conocimientos no fueran un arma de poder de unos pocos sino un derecho de todos.
La Escuela supone una visión del mundo en la que se enseña a los niños a reflexionar sobre el porqué de las cosas, basándose en la observación, el razonamiento y la comprobación, es decir, se considera a la razón como base de la adquisición de los conocimientos por encima de la fe, la cual no exige reflexión sino simple aceptación.
En estos tiempos que corren en los que la juventud cada vez más se decanta por no seguir los dictados de la Iglesia, una de las formas de intentar invertir esta tendencia es mezclar razón y fe. En la LOMCE, ley que parece parida durante una noche de fiesta entre el ministro Wert y el presidente de la Conferencia Episcopal Rouco Varela, la fe de la religión se coloca al mismo nivel que la razón de la ciencia, confundiéndose así una y otra cosa. De esta manera obtenemos la razón de la religion y la fe de la ciencia.
Evidentemente se podría plantear una asignatura de Historia de la religiones. La religión es uno de los pilares de la Civilización Occidental y su conocimiento es necesario para saber quiénes somos y de dónde venimos. No lo es en cambio el adoctrinamiento porque este sólo sirve para que nos impongan quiénes debemos ser.