jueves, 6 de junio de 2013

Obispos de poca fe


La nueva Ley de Educación que promueve el Gobierno y su ministro Wert vuelve a ser polémica, como todas. En esta ocasión es la religión católica y su reintroducción como asignatura “con todos los sacramentos” la causa más notoria de la bronca. Los obispos defienden que deben ser ellos quienes señalen a los profesores que deberá contratar el Estado, que sean también ellos quienes definan los contenidos de la asignatura y quienes establezcan los criterios de evaluación. De hecho las notas de religión contarán para todo, para las medias y para las becas. Dicen que “el saber científico de la fe” (sic) debe estar presente en la aulas así que supongo que el Diluvio Universal puntuará lo mismo que Atapuerca y las multiplicación de los panes y los peces igual que la Ley de la Conservación de la Materia de Lavoisier. 

Eso sí, quienes prefieran no estudiar religión tendrán obligatoriamente que cursar una alternativa, pero que no sea esa tan “nociva” de Educación para la Ciudadanía. 

Llama la atención la escasa confianza que los pastores católicos demuestran tener en la fuerza de lo suyo, vista la insistencia que siempre ponen en que sea el Estado quien se ocupe de garantizarles el mantenimiento de sus ovejas. A quienes vivimos en la duda, y seguramente a menudo en el error, nos sorprende una actitud tan timorata y recelosa en quienes -supuestamente- debieran andar sobradísimos de certezas y de confianza protegidos como están de toda perturbación por la verdad revelada de la que dicen ser mensajeros.