lunes, 3 de junio de 2013

Educación, chapuza y religión

Supongo que nadie pretenderá ofenderse si digo que en este país el asunto de la educación a nivel político es una chapuza continua. 

Cada vez que hay un cambio de partido en el poder se pergeña apresuradamente y como con saña una nueva ley de educación que desbarata todo lo que había intentado erigir la anterior. Y eso no puede ser. Por favor. Es disfuncional. Es algo patológico. Para cuando empiezan a marchar las cosas con cierta agilidad ya te lo han cambiado todo otra vez. 

El profesorado padece una desconsideración y un maltrato desmesurado y absurdo. Nunca se les consulta ni se les tiene en cuenta para nada. Cuando lo sensato, lo inteligente (si realmente se quiere que un sistema educativo funcione medianamente bien), sería empezar cuidando a las personas que tienen que ponerlo en funcionamiento cada día. Luego además resulta un tanto penoso tener que asistir una y otra vez a esta palurda pelea que el PSOE y el PP se traen entre manos con la religión en los centros de enseñanza pública. Como todo el mundo sabe, existe un viejo concordato con el Vaticano que mientras no se renueve obliga al Estado a impartir la religión en las escuelas e institutos.

 No obstante, la mayor parte de la ciudadanía española es contraria a que la religión puntúe como una asignatura más. Y de hecho, ni es razonable ni hay ninguna necesidad de que sea así. El Gobierno parece obsesionado con este asunto estéril. Empeñado en mantener viva una beligerancia disparatada que probablemente no le sea nada favorable. ¿Por qué esa terquedad? ¿Por simple arrogancia? 

La religión no es una ciencia. Nunca lo será, bien lo sabe el señor Wert. Pretender hacer pasar unas simples sesiones de catequesis por una disciplina científica con unos fundamentos epistemológicos y unos criterios objetivos de evaluación, resulta sencillamente delirante. Es un error. Pretender omitir la enorme diferencia que existe entre lo que es un profesor que se ha ganado su plaza por oposición o concurso y que imparte de un modo sistemático una asignatura ateniéndose a un programa oficial y lo que es un catequista elegido a dedo por un líder religioso cuyo objetivo real es la transmisión de unos dogmas de fe, es ya mala fe. Es una injusticia. 

Wert afirmaba el otro día que no se ha sentido presionado por la Conferencia Episcopal. ¿Quién necesita una Conferencia Episcopal presionante con semejante Consejo de Ministros? La gran mayoría de ellos confiesa abiertamente su proximidad a organizaciones católicas de sesgo ultraconservador. Algunos parecen más obispos que los mismos obispos. Por favor. Dejen a cada cual en paz con su religión. Sea la que sea. Pertenece al ámbito de lo personal y lo familiar. Además hay muchas, no solo una. Pretender imponerla socialmente es una equivocación propia de otro tipo de sociedades.

F.L.Chivite